VERANO EN MAICOLPUE
Alejandra Llanquipichun
Como cada noche bajamos al pueblito,
de los cerros nos ayudamos con linternas
que poco y nada
iluminan
la negrura de la noche.
Alguien va tambaleando entre las piedras,
otro cuenta historias de mujeres perdidas
y apuramos el paso para llegar a tiempo
al fuego y el vino.
Los pescadores, que ya conocemos,
nos hablan de caminar hacia el faro,
excursionar el bosque milenario
más allá de las rocas,
los posones,
o el cementerio mapuche que hace temblar
a cualquiera
de sólo nombrarlo.
La noche en Maicolpue nos trae secretos furtivos,
duendes que nos sacan del camino,
sirenas que cantan a Dios
barcos fantasmas que salen a pescar entre la niebla,
hombres que viven en la última casa
del cerro más alto
recorren senderos
que nadie ha conquistado,
y juegan con
pájaros extraños
que nadie conoce.
Alejandra Llanquipichun
PRIMERA LECCIÓN
Cuando sientas a la soledad entrando por tus venas
cuando la angustia se aloje dentro de tus ojos
y los árboles
ya no te den un respiro
y el cielo ya no te lleve con el viento,
quiero que te apartes de los hombres
y te encierres en el
tiempo lejano,
toma tus cosas y viaja a tus orígenes,
visita a tu pueblo que dejaste olvidado,
construye tu casa en la tierra,
con los maderos que Dios te regaló.
Cría corderos para que no te falte la carne,
planta verduras
y papas,
cásate con una mujer de trenzas negras
que te lleve de la mano y te bautice en un río,
cámbiate de nombre y busca un abuelo.
Ama al silencio y dile que te cuente nuestra historia,
aprende a escribir la lengua de los soles,
estudia para cazador de mariposas y déjalas ir,
búscame detrás de las ventanas, queriendo volar,
mírame correr debajo de los árboles libre.
Quiero que sepas que tu felicidad va a estar ahí
donde se
hizo tu vida,
lejos de los hombres comunes,
cerca del sol,
cerca de la tierra.
de Alejandra Llanquipichun
Como cada noche bajamos al pueblito,
con linternas nos ayudamos que poco y nada
iluminan
la negrura de la noche.
alguien va tambaleando entre las piedras,
otro cuenta historias de mujeres perdidas
y apuramos el paso para llegar a tiempo
al fuego y el vino.
Los pescadores, que ya conocemos,
nos hablan de caminar hacia el faro,
excursionar el bosque milenario más allá de las rocas,
los posones,
o el cementerio mapuche que hace temblar a cualquiera
de sólo nombrarlo.
La noche en Maicolpue nos trae secretos furtivos,
duendes que nos sacan del camino, sirenas que cantan a Dios
barcos fantasmas que salen a pescar entre la niebla
hobmres que viven en la última casa del cerro más alto
recorren senderos que nadie ha conquistado, y juegan con
pájaros extraños
que nadie co