Revista anales Séptima serie. Nº 13/2017 169
MUESTRA DE POESÍA MAPUCHE
TRAZAS POÉTICAS PARA UNA CARTOGRAFÍA INDÍGENA INCESANTE
"Sabemos que las literaturas nacionales, como las naciones modernas y sus Estados, no han sido la consecuencia natural del desarrollo de las sociedades -un punto de llegada, privilegio de sociedades racionales maduras y libres- sino más bien, complejas construcciones donde ciertas culturas y territorios se han visto tensionados, fracturados, invisibilizados o sometidos, en pro de un proyecto común. En esas construcciones el quehacer literario de determinadas comunidades -pueblos, naciones, etnias- se ha subsumido bajo los nombres de los Estados dominantes. Tal es el caso de las literaturas indígenas que hoy reivindican su derecho a nombrarse a sí mismas por el nominativo de sus pueblos. Recuperar la palabra propia, la memoria negada, los nombres silenciados, ha tomado cada vez más fuerza. La poesía mapuche es parte de ese movimiento pan-indígena que reivindica no sólo una antigua cartografía, sino por sobre todo una cultura, una lengua y una forma de ver, entender y expresar el mundo que les son propias, a pesar de los siglos de intercambio o imposición cultural a la que se han visto expuestos. Pero estas reivindicaciones geopolíticas y literarias no siempre han sido bien recibidas en los círculos literarios, develando lo incómodo que puede ser para algunos escuchar hablar de lo mapuche como algo particular, diferenciado de la identidad nacional chilena. En ese contexto, hace un par de años, un periódico de amplia circulación nacional difundió las aprehensiones del poeta chileno Germán Carrasco sobre la poesía mapuche: “creo en la lucha del pueblo mapuche, no en la literatura mapuche”, sostuvo el poeta, complementando con otro principio su credo: “No hay Literatura mapuche: los poetas mencionados escriben desde tradiciones europeas o desde el monolingüe provinciano y eurocéntrico Teillier.”1 Aunque el escrito aludido divagaba más que argumentaba y entregaba apreciaciones personales más que datos sobre los que debatir una postura crítica, lo traigo a colación porque lo que sí hacía era evidenciar el malestar de quienes se sentían agredidos, invadidos o incomodados por la presencia indígena en sus áreas de trabajo, estudio, investigación, creación o de cualquier otro tipo de parcela. Más allá de la anécdota, lo cierto es que decirse “poeta mapuche” o decirse simplemente “mapuche” ha implicado evidenciar esa realidad de diferencia cultural, social, étnica, política, estética y lingüística que persiste frente a una sociedad chilena que se piensa homogénea. Decirse mapuche ha implicado también enunciar la condición de colonizado -invadido, oprimido, dominado, sometido-, visibilizándola frente a un Estado que no quiere recordar los excesos de la guerra de ocupación que ordenó hace poco más de un siglo. Lo complejo es que ambas situaciones no se pueden ya obviar y tampoco se pueden abordar aún con tranquilidad, ni siquiera desde la aparentemente inocua poesía u otras expresiones artísticas. La reivindicación identitaria “otra”, también en el espacio del arte, suele ser todavía un tema de múltiples aprehensiones y cuestionamientos. Los actuales paralelos y meridianos literarios chilenos superponen con firmeza sus líneas a los antiguos trazados mapuche que se asoman a pesar de los constantes desplazamientos de una creación poética que vive, quizás, su mejor momento. Me parece productivo, política y literariamente hablando, hacer este ejercicio de observar las poéticas mapuche actuales sobre el antiguo trazado territorial y sus propias divisiones."