viernes, 2 de junio de 2023

Le pediré a nuestra madre antigua

 

111. POESÍA ECUATORIANA. YANA LUCILA LEMA

-30 OCT 2021  

 

KAMPA SHIMITA YARKACHINI 

TENGO HAMBRE DE TU BOCA

 

1

 

pachamamata

pachakamakta

tepeu aputa

quetzalcóatlta

allallanka mundu charichik apukunata

puka wawa intita

arutamta

huengongui aputa

chusku mundu kirkinchu apukunata mañashami

 

sumak churukunata

ñuka mamakucha puka mullukunata karasha

mishki mikunakuna

mishki yakukunatapash

 

sumak mullukunata

punchalla cuentakunata watarishpa

kanta nishpa mañasha

 

ñukaka kampak shunku ñukamanta

puka puka ninashina rawranka yanimi

 

1

 

le pediré a nuestra madre antigua

le pediré al ordenador del mundo

al corazón del cielo

al dios emplumado

a las lagartijas sostenedoras del mundo

al niño sol

a la cascada sagrada

a Huengongui

a los armadillos de los cuatro mundos

 

les ofreceré caracoles

y conchas rojas de mi mar

les daré ricos alimentos

y bebidas sagradas

 

me adornaré con mullos

y cuentas preciosas

y les hablaré de ti

 

Yo creo que arderá como en llamas rojas

tu corazón por mí

 

2

 

ñawpa runakunapa yawar ñukanchik ankukunapi tumpukurka

sapin sapin kawsaykuna ñukanchik ñawikunapi karka

ñukanchik aychakunapi

ñukanchik tullukunapi

 

shinami wañushka mamakunapa shimita kawsachishpa purirkanchik

 

shinapash chay puncha ñukanchik makanakuyka

ñukachik aychakunapi

ñukanchik puka shimikunapi karka 

sumaklla punchalla pakarishka hipa

 

2

 

la sangre de los antiguos hirviendo estaba en nuestras venas

nuestros sueños tenían otros miles de sueños más

miles de memorias estaban en nuestros ojos

en nuestra carne

en nuestros huesos

 

así fue como levantamos las voces de nuestras madres muertas

 

pero ese día esas trincheras solo se extendían

a nuestros cuerpos

al perfil rojo de nuestras bocas

y a la gran luz

que quedó después de la madrugada

 

3

 

ñuka ñawi kanta katinmi

yana kintilla

 

kampa wasipi

kampa llaktapi

maypi kampak kiwakunata kuyaytapash allichinki chaypi

 

kutinpash ñuka ñawi kanta katinmi

kampak yana wasipi

kampak yana tutapi

kampak yana mundupi

chaypash kampa ñawita rikushkantin

ninan llaki kashpapash

ñuka yana ñawi rikuypash kushikunmi

 

ñuka ñawi katikta hawata chinkarinki

chay kampak yana aychata

yana shunkuta

yana rikrakunata

chay kampak rikrakunata paskashpa sumakta pawachun

shuk mundukunata

chayshuk vidata paktachun niniy

 

murukuna tarpushka yana pampapi shuyakuk

ñuka mamapa yana sipushka ñawipak

kampa mishki wakayta mañani

 

yana kintilla

 

3

 

te han buscado mis ojos

sagrado colibrí negro

 

en tu reino

en el territorio donde solo tú gobiernas

donde guardas tus hierbas y tus amores

 

te siguen buscando mis ojos

en tu casa negra

en tu noche negra

en tu mundo negro

y cuando al fin he coincidido con tus ojos

ese infinito negro

hace brotar luz en mis ojos negros

 

y de pronto te alzas

y siguen persiguiéndote mis ojos

ese tu cuerpo negro

tu pecho negro

tus brazos negros

y pido que tus brazos batiéndose alcancen

el otro mundo

la otra vida

 

y pido tu canto para los ojos negros cerrados de mi madre

que nos aguardan en su morada negra

donde son guardadas las semillas

 

sagrado colibrí negro

 

4

 

chayta millay runakuna

sinchikuna

phiñakuna yallinakun ninakunkami 

ñukanchik kawsay sapita lankashka hipa

ñukanchik shimita

ñukanchik yawartapash

 

chaypash kayna punchakuna na nishkata nishunmi

hatarinata rimashka hipa

yarkaymantaka yawarta hichashunchari

warmukunapa harikunapa ñawita chukrichishkamanta

 

shinaka urku washakunapi maskamuychik

mayu yaku hawapi rawranakun kuyllurkunapi

na kashpaka ñukanchik makiwan shinashka rumi ñankunapillata

 

uchilla pishkukunapash mishkilla wakashpa kayachinakunmi

chay wakaypash wiñay kapari tukunmi

hatun llakta punkupi wiñaypak

 

4

 

ahí pasan los ingobernables

los rebeldes

los violentos dirán

luego de querer devorar nuestras raíces

nuestra lengua

y nuestra sangre

 

pero lo no dicho hoy lo diremos

como preludio del levantamiento

si la sangre derramada es por el hambre

por los ojos apagados de mujeres y hombres

 

búsquennos entonces tras las montañas

en las estrellas que titilan sobre las aguas de los ríos

o en las calles de cemento que nuestras propias manos levantaron

 

los pájaros pequeños nos llaman con su canto

ese canto se hace gritos eternos

eternos en la puerta de la ciudad

 

 

Yana Lucila Lema (1974). Comunicadora social, videasta, traductora, gestora cultural, poeta y narradora kichwa Otavalo. Organizadora de la primera Micro feria del libro indígena Bibliopawkar, Peguche (2017). Compiladora de las antologías de poesía de las nacionalidades indígenas del Ecuador: “Hatun Taki (2013) y “Chawpi Pachapi Arawikuna (2015); Ñawpa Pachamanta Purik Rimaykuna (2016). Reconocimiento “Árbol de la Vida” al trabajo de promoción cultural, Asociación de Escritores Indígenas de México, Génova (2015). Premio nacional Darío Guevara Mayorga a la mejor obra publicada en la categoría cuento infantil, otorgado por el Municipio del Distrito Metropolitano de Quito (2016), con su obra “Chaska”. Ha publicado los poemarios bilingües: Tamyawan Shamukupani 2018, y Kampa shimita yarkachini 2021. Actualmente se desempeña como docente en la escuela de Literatura en la Universidad de las Artes del Ecuador.

 

Buscar a Yana Lema Otavalo

 

 
Compartido con: Tus amigos
Amigos
Puede ser una imagen de texto que dice "Yana kampa Otavalo Lema shimita yarkachini Conversatorio con la poeta Yana Lema Otavalo Martes 30 de mayo 10:30 a 12hs oraAntna) Modalidad virtual. Inscripción Aquí invita el seminario "Poesía contemporánea de naciones pueblos originarios escrita por mujeres: imágenes, imaginarios territorios de otras lenguas""






Mañana, martes 30 de junio, estaremos honradxs con la presencia de la poeta Yana Lema Otavalo, en el marco del Seminario que dicto en la Facultad de Filosofía y Letras, en la Universidad de Buenos Aires.
Aprovechando la modalidad virtual, el seminario viene haciendo todos los años una serie de encuentros o conversatorios con distintas poetas y autoridades de diversos territorios, buscando trazar puentes entre idiomas y visiones, en un intento por convocar sentidos en que la palabra poética se abra a pensar la vida y sus modos más amorosos, sensibles y comunitarios de comprenderla y de crearla.
Muy agradecida con la inmensa y generosa participación de Yana Luci Lema Otavalo, también las y los invito a leer su bellísimo y profundo libro Kampa Shimita Yarkachini.
Como parte de la lectura que las y los estudiantes del seminario han hecho de la obra de Yana Lema Otavalo, han surgido dimensiones de una conversación que haremos abierta a las personas interesadas. Para participar del conversatorio deben realizar previa inscripción aquí: https://forms.gle/TeRN9iAGkPknp98d9.
Martes 30 de mayo de 10:30 a 12hs (hora argentina).

La capacidad de ser “huaquero y huaco”

  

“HUAQUEANDO HUACOS” POR JIMENA NÉSPOLO




Huaco retrato de Gabriela Wiener. Buenos Aires, Literatura Random House, 2022, 176 páginas.

A pocas páginas de empezar Huaco retrato (2022), la última crónica novelada o novela autoficcional de la escritora peruana Gabriela Wiener, se revela el porqué de su título: “Mi cara es muy parecida a un huaco retrato. Cada vez que me lo dicen me imagino a Charles moviendo el pincel sobre mis párpados para quitarme el polvo y calcular el año en que fui moldeada” (60). Un “huaco” –explica– puede ser cualquier pieza de cerámica prehispánica hecha a mano, de forma y estilo diversos, pintadas con delicadeza, con fines decorativos o dedicados a la ritualidad y la ofrenda. Los huacos se llaman así porque fueron encontrados en los templos sagrados llamados huacas, enterrados junto a gente importante: “Pueden representar animales, armas o alimentos. Pero de todos los huacos, el huaco retrato es el más interesante. Un huaco retrato es la foto de carnet prehispánica. La imagen de un rostro indígena tan realista que asomarnos a verlo es para muchos como mirarnos en el espejo roto de los siglos” (61). 

Foto carnet, “serie de televisión”, “cine porno”, “comic tridimensional” o “kamasutra andino”, la autora de Sexografías (2008) trae los huacos al presente para interrogarlos de manera ácida y diacrónica, tridimensional y sexo-afectiva, a fin de que estos revelen los abismos de un yo puesto en la mesa de disección. En tiempos de la intimidad vuelta espectáculo, Wiener se zambulle en el hedonismo en el que se solazan lxs sujetxs contemporánexs y va un poco más allá: se exhibe, se pavea, se contorsiona, se embarra y embarra, hasta llegar –por fin– a construir una historia íntima que se vuelve, a la vez, cifra impúdica de la historia americana. “La primera vez que le enseñé a mi novia española la serie de huacos eróticos –confiesa– creyó verme en todas las mujeres de barro que tragan penes más grandes que sus cuerpos, gozan a cuatro patas y paren niños” (61). 

Quien crea que Wiener improvisa su apuesta, se equivoca. A lo largo de los textos y los años su proyecto ha ido ganando audacia: si en Sexografías (2008), coqueteaba con el pornocapitalismo y el modo en que este usufructúa de los cuerpos y el relato de sus transgresiones, y en Nueve lunas (2009), el periodismo gonzo del que se decía cultora, le permitía explorar los claroscuros de la maternidad alejándose de los mandatos patriarcales, en Huaco retrato, esa horadación en el yo-autobiográfico se vuelve poderosa coartada desde donde desandar los mandatos familiares y de clase, de cierto criollismo progre, de ayer y de hoy. La muerte del padre y la vuelta a Lima, para despedir sus restos, desencadena un relato que, progresivamente, irá desmenuzando desde una perspectiva interseccional, que cruza género, raza y clase, lo que implica “ser negra”, “chola” y “sudaca” de un lado y otro del océano –de Madrid a Lima y de Lima a Madrid:


Todos tenemos un padre blanco. Quiero decir, Dios es blanco. O eso nos han hecho creer. El colono es blanco. La historia es blanca y masculina. Mi abuela, la madre de mi madre, llamaba a mi padre, al marido de su hija, “don” porque ella no era blanca sino chola. Me resultaba rarísimo oír a mi abuelita tratando con ese excesivo e inmerecido respeto a mi papá. “Don Raúl” era mi padre.

En la época en que los niños del colegio me gritaban negra como insulto encontraba refugio cogiéndole de la mano para que todo el mundo supiera que ese señor solo un poco blanco era mi papá, eso me hacía menos negra, menos insultable. Supongo que ahora que está muerto lo poco blanco que hay en mí se ha ido con él, aunque siga usando solo su apellido, y nunca el de mi madre, para firmar todo lo que escribo. 

Durante mucho tiempo pensé que lo único que tenía de blanca era ese apellido, pero mi marido dice que mi “mancha humana” es inversa a la de Coleman, el personaje del profesor universitario de esa novela de Philip Roth, que quiere esconder su negritud. Mi identidad marrón, chola y sudaca intenta disimular la Wiener que llevo dentro. (45)



“Me gritaron negra”, el portentoso poema de la artista afroperuana Victoria Santa Cruz, que a fines de los ’60 creara la compañía de Teatro y Danzas Negras del Perú, se coliga a la novela La mancha humana (2000) de Philip Roth, para colaborar en desmontar ese “mito blanco” que, para la familia de Gabriela y para las élites criollas americanas, sintetiza el apellido “Wiener” como ejemplo entre tantos más. Porque bucear en el apellido, supone para la cronista, la consecuente lectura y análisis de un referente ineludible de la literatura de viajes: Perú y Bolivia. Relato de viaje (1880), publicado en Paris por parte de su ancestro europeo, Charles Wiener, “viajero científico”, expoliador de cuatro mil piezas precolombinas expuestas hoy en el Musée du quai Branly, a metros de la Torre Eiffel. Huaco retrato es, por tanto, también la respuesta de una lectora tardía a ese libro que Charles pergeña luego de su aventura en tierras americanas entre 1875 y 1876.  


Me gusta enviar por el grupo que tengo con mis dos parejas en WhatsApp mis pequeños hallazgos de citas atroces de Wiener, como cuando se refiere a los peruanos como gente con una “constitución abusiva” y “malsana”, en los que pueden encontrarse “las causas nefastas de la momificación de este pueblo y del envilecimiento del individuo”. Del indio autóctono dice “no supo morir, he aquí por qué el indio no sabe vivir”. Y hace una cruel descripción de su vida: “de niño no conoce la alegría, de adolescente el entusiasmo, de hombre, el honor, de viejo la dignidad”.

Un visionario, me dice Jaime por el chat, y nos reímos como unos nazis, porque nos resistimos a ofendernos. Sería demasiado fácil. Porque Charles juzga a “estas momias indignas” desenterradas por españoles, o austríacos o franceses, o austríacos que quieren ser franceses, desde su topografía, pero nosotros nos juzgamos a nosotros mismos desde la ironía, sabiéndonos producto de esa confrontación.

Es tan grotesco su ensañamiento que da risa. Si para algo tenía talento es para el insulto, digo yo. Y eso, por cierto, es algo que también se hereda. Hay escritores que devuelven belleza al mundo y otros que le gritan su fealdad. Si solo hay dos posibilidades, Wiener no es un escritor, me digo, es el troll de toda una civilización. (52-53) 


Paul B. Preciado presenta a Huaco retrato, en las solapas de esta edición, como una “psicogenealogía queer y descolonial”. Y, en efecto, el libro sostiene los epítetos con la carga conceptual necesaria para dar cuenta de ese saber de la ciencia actual que –al fin– hoy lo legitima. Hay una batería de textos teóricos contemporáneos que, conscientemente, la autora usa para refrendar su apuesta y desarmar o –¿por qué no?– corregir esa cientificidad caída en desuso de su ancestro: se sabe chola, se sabe ultrajada, pero no se ofende (“sería demasiado fácil”), asimila el ultraje y devuelve la afrenta al “troll” blanco y racista con la respuestas que ofrecen hoy los estudios decoloniales y de género. El apellido Wiener se agiganta. 

La autora sabe que Aníbal Quijano lo explicó bien. El Estado Nación que surgió en América Latina luego de las guerras de independencia tuvo como matriz fundacional la continuación de un conjunto de instituciones coloniales, fraguadas al calor de la conquista y colonización europea, que legitimaron la jerarquización de unos sujetos sobre otros; taxonomía ideológica basada en primera instancia en el cuerpo, que naturalizó roles sociales, para favorecer a los privilegiados emblanquecidos (“criollos” o “mestizos”) por su ascendencia. En palabras de Rita Segato, lo que se sucedió fue un “mestizaje etnocida”, utilizado para suprimir memorias y cancelar genealogías originarias, cuyo valor estratégico residía en otorgar a las elites un valor invertido al rostro mestizo no-blanco, capaces de sublimar esa cancelación.

En Huaco retrato, la enunciación de ese ese racismo estructural, en tanto dispositivo que tiene manifestaciones económicas, políticas, culturales y sexuales, en el que el mestizaje actúa como mediador/encubridor de la desigualdad, se exponencia y desborda.


Me acuerdo de mi propia abuela Victoria, que era andina y bien racista se rechazaba a sí misma como tantos cholos, ocultaba su origen andino porque andino quería decir pobre y explotado, no quería ser como su mamá Josefina. Para no ser discriminado allí hay que pasarse al otro bando, hay que convertirse en discriminador. (…) Me hubiera gustado escucharla, sonreír, menear la cabeza, cogerla de la mano, decir algo divertido y atesorar la anécdota junto a las veces en que me confundieron con la niñera de mi propia hija en un parque de Barcelona o cuando un señor en una farmacia limeña me dijo que nos fuéramos a su casa porque “necesitaban muchacha”. Y contar la anécdota entre risas a nuestros amigos. Pero esta vez no puedo (129)  


Esta escena última acontece cuando conoce a la abuela de su “novia española”, que la confunde con la señora de la limpieza. Su novia Roci, su marido Jaime, la hija que tiene con él, el hijo que su novia tiene con su marido: Wiener a todos los presenta, los exhibe, los expone como figuritas de Instagram, los sube al escenario para representar frente a públicos, de aquí o de allá, esa “rareza” que es su vida “poliamorosa” para las gentes convencionales atadas a la monogamia o al pudor. Ellos saben a conciencia que  forman un pequeño zoo contemporáneo, similar a los que se alzaban en Europa, en el siglo XIX, con indígenas traídos del Nuevo Mundo, para que performatearan su salvajismo, su bizarría, su bestialidad. Los tiempos han cambiado y no tanto, por eso Gabriela relata también, en Huaco retrato, ese zoo humano que su ancestro colaboró en urdir, trayendo de su viaje un niño robado: “Hay algo en esta mezcla perversa de huaquero y huaco que corre por mis venas, algo que me desdobla” (61). La capacidad de ser “huaquero y huaco”, es decir de ser saqueador y a la vez retrato de barro saqueado, portador de una indianidad arcaica, es la doble apuesta de este texto visceral que pivotea entre siglos y textualidades con una gracia y un desparpajo inusitado. “Huaco” que abandona sin guácala toda pretendida función ornamental, puesto que no está dispuesto a aceptar, pasivamente, los papeles asignados por el relato racista colonial que lo conmina a ser una pieza museística, de zoo o de feria.