“DÉJALAS
TEJER EL HUIPIL DE TUS DESEOS”: ACTUALIZACIÓN Y PODER DE LAS VOCES MÍTICAS DE
LA NACIÓN ZAPOTECA EN LA POESÍA DE NATALIA TOLEDO
Paula
Irupé Salmoiraghi
En
sus libros Olivo negro y El dorso del
cangrejo, Natalia Toledo Paz construye una voz épica con marcas corporales de
su territorio y su presente como reformulaciones vitales de una sabiduría
mítica que convive, pervive y significa las preocupaciones individuales del
mundo urbano. Las voces y las vidas de familiares vivos, muertos, animales,
vegetales y divinos, conforman un ecosistema de sabiduría que la poeta retoma,
festeja e integra en su vida urbana, contemporánea y futura.
Enrique
Hidalgo Mellanes, en la reseña que escribió cuando Olivo negro ganó el Premio Nezahualcoyotl de Literatura en lenguas
Indígenas 2004, recorta imágenes de estos versos que construyen una infancia
asombrada y asombrosa, llena de saberes heredados y de percepciones de
conocimientos y vivencias que habitan el entorno y la comunidad:
En la poética de
Natalia , la juchiteca, nos recuerda , me recuerda las palabras de las ancianas
indígenas chiapanecas , quienes sentadas bajos los arboles de mangos y pinos me
platicaban de su infancia y de esa magia por vivir. El libro Olivo Negro es parte de ese retorno
estudiado por Mircea Eleade. (Hidalgo Mellanes, 2006)
Son
estas voces múltiples y permanentes las que, en estos poemas, conforman un tipo
de heroísmo no lineal ni viril como el modelo clásico de Joseph Campell sino
circular, mutante y femenino. Si el héroe se caracteriza por su poder sobre los
enemigos, su valentía, su coraje, su fuerza individual y sacrificada, esta
heroína (modelo que puede ser encarnado por cualquier tipo de corporeidad) se
caracteriza por la permanencia y el cuidado en su territorio, la conservación y
reproducción de cuerpos y saberes, el uso enraizado y el acrecentamiento de las
palabras sagradas de la comunidad, las tramas solidarias y de sostén.
Olivo negro
se abre con una experiencia mítica y mística a la vez: la poeta niña es testigo
de una metamorfosis comunitaria durante la cual, escondida pero sin huir,
obtiene la transformación en ojos que ven lo sagrado y voz que da cuenta del hecho:
El
río se desborda
todos
se convierten en peces.
Dios
aparece en una pared descarapelada
yo
lo observo detrás de un olivo negro.
La
transformación en peces es adaptativa y fundadora de estirpe familiar anfibia
que acompaña a un ser río que se sale de un cauce estrecho y crece. Los seres
con escamas y el árbol núcleo de la vida cotidiana volverán a aparecer en otros
poemas como “La familia” de El dorso del
cangrejo:
Preferiría
mil veces, dar vueltas con mi canasto alrededor
del
árbol: el único árbol,
cada
hoja era un pez que me hablaba
bajo
las escamas del sol.
La
niña logra su aprendizaje al unir su cuerpo con el del árbol que es centro de
su infancia y de toda su vida a partir de ahí. Otro elemento central en esa
casa de la infancia, del origen, de la unión entre tiempos, voces y
aprendizajes, es la mesa, como objeto mítico y como lugar de creación y
nutrición:
La mesa
Fui
abandonada
junto
a un cangrejo lleno de hormigas rojas
más
tarde fueron polvo para pintar con la baba del nopal.
De
la mesa rayada con gubias: xilografía que surcó el silencio
sobre
pieles bilingües y morenas.
Hubo
distancia en ese entonces
la
geografía no benefició a la palabra.
Bajo
el cerro del tigre
busqué
un tesoro para domar el miedo
y
un líquido ígneo borró de mi ojo izquierdo
todas
las flores que he visto en mayo.
La
idea de “ser abandona junto a” señala una suma incluida en la falta misma: no se
regodea en el dolor del abandono sino en la riqueza del cangrejo lleno de
hormigas. La soledad de la predicación inicial se desdibuja detrás de las
múltiples imágenes de creación y transmutación de cuerpas y colores. El mismo
procedimiento se da en “busqué un tesoro para domar el miedo”: lo malo, lo
poco, lo no deseable se aplaca, se aminora, se borra con lo valioso que está
ahí, que espera ser buscado. Nos interesa mostrar cómo este tipo de heroísmo se
configura como engrosamiento, ampliación concéntrica, agregado de opuestos
complementarios y rebrote rizomático, siempre con un punto nodal que no se
abandona o supera sino que constituye la fuente de todo nuevo poder.
El
nombre completo del lugar natal de Natalia Toledo Paz es Heroica
Ciudad de Juchitán de Zaragoza, ubicada en la parte continental más angosta
entre el océano Pacífico y el Golfo de México en América del Norte (191 km), fue
fundada en 1480 por tropas del monarca zapoteca Cosijopí Sicasibí. El nombre
Juchitán viene del náhuatl Ixtaxochiltlán que significa «Lugar de las Flores
Blancas». Durante algunos años también se llamó Xhavizende, zapotequización del
español que significa «A los pies de San Vicente». Su historia está relacionada
con esta ubicación geopolítica, que la coloca como centro de comunicaciones y
lugar de paso para los pueblos y pequeñas ciudades del Istmo de Tehuantepec. La
poeta, que de adulta se trasladó a ciudad de México y otros centros urbanos,
permanece siempre, en su poesía y en sus decires y deseos, en ese espacio
originario: En El dorso del cangrejo
afirma:
Estoy
aquí sentada,
como
la fuente que llora en mi pueblo,
llena
de hojas secas y caca de zanate.
Es
imposible para esta voz lírica épica alejarse sin desarmarse o dejar de ser, en
“Flor que se desgrana”:
No
moriré de ausencia me digo
una
melodía se postra sobre la silla de mi tristeza
un
océano brota de la piedra de mi origen
escribo
en zapoteco para ignorar la sintaxis del dolor,
le
pido al cielo y a su lumbre
que
me devuelvan la alegría.
El
segundo poema de Olivo negro,
titulado “Flor negra”, retoma la amalgama corporal que da poder a la heroína:
aparece una cuerpa híbrida de niña con ramas y hojas:
Una
niña eleva su risa al olivo
en
una rama desnuda
abre
las hojas doradas
En
el primer verso es claro que la niña y el olivo son dos seres diferentes, pero
a partir de la segunda línea: ¿quién está desnuda? ¿quién abre las hojas? Esta
comunión con el olivo le dará a la niña un saber de mujer, un destino erótico para
el futuro: cada mancha blanca en la hoja es un amor que tendrá. Hablar de sí
misma como flor negra es lo que me permite identificar a poeta niña y olivo
negro como una misma cuerpa. Lo mismo en:
Niña con raíces
Tengo
una foto en sepia
con
los ojos llenos de agua y una flor en los labios
alguien
entró a esa foto
y
arrancó de raíz la flor.
También
es claramente vegetal en:
La
palma de mi mano es una hoja
y
a todo aquél que me saluda
tiño
con la leche de mi tallo.
Esta
misma cuerpa heroica de mujer tiene cualidades de cielo, de fuego y de animal,
en “Huipil”:
Cuando
un rayo cae, quema el cielo,
entonces
abro mi boca de lagartija para beber su fuego.
Así
mismo, la perfección deseada desde la adultez es esa cuerpa infantil
vegetanimal y capaz de producir rocío, en el poema titulado “Dada”:
Tapizaría
su casa con manojos de albahaca y cordoncillo,
ese
sería su huipil
y
todo aquel que la mirara
la
quisiera por el rocío permanente de su cuerpo.
Los
saberes que nos moldean desde que nacemos no son un destino inamovible y tirano
sino un magma de vida en la vida y vida en la muerte. Todo nuestro linaje se
acumula y vuelve a latir en cada ser amoroso que comparten tiempo y lugar. En
poema sin título de Olivo negro:
Te
buscaré en el vientre de Dios si se atreve a refugiarte,
bajo
el árbol seré el duende que acecha
a
los insectos sin nido.
Morderé
las frutas
beberé
la noche y sus flores,
mis
labios se llenarán de moscas y hormigas
como
la boca de un odre.
¿Bajo
qué tamarindo te sentaste e imaginaste que no te buscaría?
Cuando
me canse y estire mis pies bajo la sombra de un muérdago
y
los terrones y las hojas glaucas cubran mis ojos,
cuando
esté bajo nueve cuartas y moverme no pueda, entonces
podrás respirar y bailar sobre mi cuerpo un
son ancestral, si quieres,
tirar el pañuelo de tulipanes con que amarré
tu corazón
así como mi abuela ataba la morralla a su
enagua.
Toda
la serie de poemas dedicados a los juegos tradicionales infantiles, nos permite
ver los modos en que la heroína fagocita y recrea los mandatos patriarcales
para quitarles dolor y devolverles sentido. El irrenunciable de tener hijos, por
ejemplo, enunciado con voz plural de niñas que escarban, marcan, aventan, son
crucificadas y reciben los golpes, es deseado, divertido, pero con castigo y
crucifixión incluida en las reglas del juego:
Tener hijos
Escarbamos
hoyos en el borde de la casa
como
senos metidos en la tierra,
con
un bambú seco marcamos una raya
aventamos
la bola de hule
cada
caída es un hijo de piedra
tres
piedras es un castigo.
Al
final de espaldas sobre la pared nos crucifican
con
los ojos cerrados recibimos todos los golpes
por
tener tres piedras en nuestro orificio.
Pero
no sólo se reproducen seres humanos en el centro épico ocupado por mujeres, el
arte de tejer y teñir los hilados, práctica heredada por línea materna, se
transmuta en la poeta en alquimia de sangres, sabias y colores, el vestido-piel
de las mujeres tiene constitución de cochinilla y de nopal, es sagrado por la
mano de Cristo y por el llanto:
Grana cochinilla
Sangre
del nopal
rubí
de espinas sobre la carne de los insectos
Mano
de Cristo sembrada,
llora
la tinta
que
visten las oaxaqueñas.
Ese
tejido es la trama misma de la vida humana y nohumana a idéntico nivel de
comunicación y alegría. Por tener una falda de mujer que baila tatuada en el
lomo es que el cangrejo se vuelve importante. Empieza a aparecer en la tercera
parte de Olivo negro y será central
en el segundo libro que analizamos. Se trata, según la autora misma, de un ser
que podría evocar el ir hacia atrás, el estar siempre pensando en el pasado
como una carga o un retroceso pero, en sus poemas, Toledo Paz lo ubica como quien
no puede ver lo que tiene en el dorso, invisible para sí misme pero expuesto a
les demás. Sus tenazas son manos provistas de herramientas para modificar su
entorno tal como una tejedora y sus agujas, un escultor y sus cinceles, un
pescador y sus aparejos: En
Textil de mar
Las
tenazas del cangrejo
dos
flores de pantano
que
se abren bajo la luna blanca de la arena.
Tejen
en la oscuridad sobre un telar de granito.
Cuando
se equivocan
el
mar les ayuda a borrar.
Todo
es creación y colaboración, no hay culpa por el error, ni reproche, ni daño.
Todo es reparable, modificable, mejorable si se ha hecho en comunión y respeto
entre quienes conviven. Idea que se repite en “El Huesped” bajo la sintaxis de
los hilos que te enredan:
Antes
de que el viento te doble la espalda,
Extiende
una hamaca de estrellas
Y
suelta los hilos que te enredan.
En
“Mujer que teje”, las cuerpas de madre y de Ceiba son universos unos adentro de
otros, abarcantes y abarcables por igual:
Estás
embarazada de flores
y
llevas una niña
que
dibujará flores sobre el papel cuando crezca.
Duérmete
mamá, duerme y deja que tus sueños abran su boca.
La
noche misma es mujer que tiene un telar y teje con otra mujer que aporta sus
hebras, en el poema “La flor de las niñas 1” de El dorso del cangrejo, en que se entrecruzan las hebras del
corazón, el huipil y el deseo individuales con el poder del telar de la noche,
presente no como simple metáfora sino como potencia de lo oscuro, lo que
dormita o lo que compone un todo con el día, la luna y el sol:
Saca
las hebras de tu corazón
móntalas
sobre el telar de la noche
y
dejalas tejer
el
huipil de tus deseos.
Es
importante esta capacidad heroica de hacerse porosa, permeable, dejarse
penetrar por las voces del lugar y no avasallar ninguna forma de vida. El poema
“Nahual” muestra cómo la tierra habla al padre que pretende ser superior a ella
y escribir lo que tiene en su mente en vez de escuchar lo que la tradición dice
que aparecerá en las huellas que el animal que elija al recién nacide dejará alrededor
de la casa del nacimiento:
Nahual
Mientras
nacía
mi
padre afiló la punta de un carrizo
y
dibujó sobre la tierra húmeda
los
animales que pasaron por su mente.
La
tierra le dijo cuál sería mi ser dual: lagarto.
Esta sabiduría de la tierra, del
lagarto, del cangrejo, del zopilote que limpia y recicla como toda ave
carroñera, del tenate, del alcaraván se aprende en el caminar el territorio, movimiento
de reconocimiento y testimonio, nunca camino que aleja o abandona sino andar
que dibuja círculos concéntricos cada vez más amplios. Natalia llama a la
transmisión oral, “el lenguaje del viento”: idea que da a la voz de sus
familiares una dimensión universal y enorme y, a la vez, da al viento, al aire
que nos recorre y nos mueve, una dimensión íntima y familiar, cercana y
habladora, comunicadora de saberes.
Bernd
Fahmel Beyer, en su artículo “El “corazón del monte” entre los zapotecos del
posclásico” se refiere de la siguiente manera a las dificultades de las
culturas europeas para comprender las formas zapotecas de concebir a las
personas como el monte, el río o el árbol:
Esta forma de visualizar la naturaleza
no es ninguna extravagancia ya que hasta la fecha diversos pueblos indígenas
consideran que los montes tienen cabeza, frente, dorso y pies. El problema
surge cuando intentamos aprehender el significado de dichas partes dentro de un
todo antropomorfo, que a manera de representamen tome el lugar de aquello que
la mente prehispánica percibía como sagrado en un ecosistema determinado. Para
los zapotecos de los valles centrales, por ejemplo, la palabra las significa “corazón”, entendido éste
como el hueso o semilla de donde surge un nuevo ser, por lo que el monte quizá
fuera el lugar que se nutría de la energía contenida en esa semilla. (Fahmel
Byer, 2012, 12)
Si
para este estudioso de la cosmovisión zapoteca “la iconología de un sistema
religioso como el mesoamericano no sólo sea producto de la objetivación de las
cosas mediante estrictas tipologías formales, sino de un largo proceso que
parte de un alto grado de introspección y conocimiento del mundo físico y
espiritual” (2012, 13), para la poeta que vive y sostiene la palabra de sus
ancestros los versos que escribe y muestra al mundo son manifestación no de sí
misma como individualidad recortada sino como parte y todo a la vez de ese ser
zapoteca.
Que
nosotres estemos hablando en castellano, que Toledo Paz traduzca o escriba en
castellano, no significa que esta lengua y su cosmovisión sean más poderosas ni
más durables en la historia de la humanidad que el zapoteco. Si las guerras y
las conquistas no fuesen formas de anulación total de formas otras de vida, las
lenguas y las comunidades se comunicarían antropofágicamente unas con otras, se
hibridarían y mestizarían como no-caminos de convivencia y pervivencia en el
tiempo permanente de lo humano como parte y todo a la vez de lo natural y lo
divino.
El
poema “Ojo de volcán” agrega, en este no-camino de la heroína que es un andar
sin irse, las dimensiones de lo alto y lo profundo (en la nube y en el escarbar
con las pezuñas):
En
el ruedo un toro
escarba
el mundo con las pezuñas:
me
espera.
Yo
paso dormida sobre una nube
y
me arrojo.
¿Quién
es ese toro que me espera? ¿Por qué el arrojarse, al ojo del volcán del título
suponemos, requiere del estar dormida? ¿Qué clase de cuerpa puede pasar sobre
una nube? La cuerpa de una poeta zapoteca que conoce y reivindica para sí el
origen y las visiones de mundo de sus ancestros. Los zapotecos de la región del
Istmo se autodenominaban "ben´zaa" o "binizá" que significa
"gente de las nubes", originaria del cielo directamente de les dioses.
En
el poema que lleva el nombre de su madre, “Olga”, dice: “Las nubes y tus brazos
de jícara me engendraron.” El hacer con las manos, el sostener con los brazos, son
los elementos humanos femeninos que se unen a lo divino de las nubes
originarias.
El
problema de la identidad mexicana mestiza y la vergüenza de ser y verse aparecen
ya desde el cuarto poema de Olivo negro
en la referencia al “espejo enterrado” que nos remite a autores clásicos
mexicanos (Carlos Fuentes, Octavio Paz) y su debate jamás cerrado sobre la
reconciliación o el perdón, la violación o la riqueza que nos dio origen como
continente conquistado por Europa. Creo que los versos de Toledo Paz son épicos
en este punto porque indican un modo de seguir siendo zapoteca que ninguno de
los grandes hombres teóricos o revolucionarios logró coordinar y completar: es
un recorrido a la vez interno y externo, de observación y aceptación propia y
del otre, sin negar la vergüenza, llorarla y conseguir el crecimiento:
Vergüenza
Pon
el filo
de
la luna sobre tus ojos
y
corta la vergüenza que se esconde
en
tu canica de tierra.
Llora
espejos enterrados
hasta
que desaparezca la niña.
El
ensayo del propio Carlos Fuentes, titulado El
espejo enterrado, explica que este título se refiere a los espejos
encontrados en las tumbas de las pirámides de El Tajín, en Veracruz, cuya
función era guiar a los muertos hacia el inframundo. Los espejos enterrados se
transforman así en símbolo de la tradición indígena que nos refleja, nos
constituye íntimamente pero nos avergüenza o queremos ocultar:
Los grandes
festivales del mundo azteca no eran sino la expresión externa, ceremonial, de
un tiempo en el que la naturaleza y el destino se daban la mano, eran vividos
como mito y, como mito, no solo representados sino vitalmente creídos. Ningún
ejemplo mejor que el de una de las versiones de la leyenda de Quetzalcoatl,
transmitida al padre Bernardino de Sahagún en México por sus informantes
indígenas. De acuerdo con esta versión del mito, uno de los dioses menores del
panteón indígena, un ser oscuro y eternamente joven llamado Tezcatlipoca, cuyo
nombre significa "El Espejo Humeante", les dijo a los otros demonios:
"Visitemos a Quetzalcoatl, y llevémosle un regalo." Se dirigieron al
palacio del dios en la ciudad de Tula y le entregaron el regalo, envuelto en
algodón. "¿Qué es?", preguntó Quetzalcoatl mientras desenvolvía el
obsequio. Era un espejo. El dios se vió reflejado y gritó. Creía que, siendo un
dios, carecía de rostro. Ahora, reflejado en el espejo enterrado, vio su propio
rostro. Era, después de todo, la cara de un hombre, la cara de la criatura del
dios. Así, Quetzalcoatl se dio cuenta de que al tener un rostro humano, debía,
también, tener un destino humano.
Los demonios
nocturnos desaparecieron vociferando alegremente y Quetzalcoatl, esa noche,
bebió hasta el estupor y fornicó con su hermana. Al día siguiente, lleno de
vergüenza, se embarcó en una balsa de serpientes navegando hacia el Oriente.
Prometió que regresaría en una fecha fija, Ce Acatl, el día de la caña en el
calendario azteca.
Este
debate sobre la identidad americana aparece comúnmente como antítesis más que
como suma o ampliación, oposición entre lo que fuimos en el origen y lo que
somos ahora si olvidamos o enterramos el espejo que nos muestra nuestra cuerpa
marrona y orgullosa:
Origen
Fuimos
escama de Dios,
flor,
venado y mono.
Fuimos
la tea que partió el rayo
y
el sueño que contaron nuestros abuelos.
Caímos
en el monte
y
el sol nos atravesó con su flecha,
fuimos
cántaro¡au!,
fuimos
agua ¡au!.
Ahora
somos ceniza
bajo
la olla del mundo.
La concepción de Dios como un ser con escamas,
igualado a la flor, al venado y al mono, nos aleja de lo judeocristiano como
antropocéntrico, jerárquico y punitivo que nos tortura por línea europea. Un
verso de El dorso se pregunta “¿Qué es la historia del mundo?” y en siguiente
le contesta: “Un ojo que llora su desamparo,/ lo saben las flores, lo saben los
pueblos.” Otro verso se pregunta “¿Qué es ser indígena?/ Una ingenuidad de
leña,/ una apuesta, una velamen de barbas crecidas/ con la grandeza de una
mirada del mundo.” También: “¿A qué se parece mi felicidad”? se pregunta la
poeta para unir lo individual del yo con lo comunitario. Y se responde:
Soy
una mosca,
un
punto sobre una hoja de un almendro
a
punto de partir, a punto de parir.
Soy
un zumbido en la oreja de la memoria,
yo
también tatué la memoria.
Es
el último movimiento que registraremos, por ahora, de esta heroína: su ser yo y
ser nosotres a la vez, eterna e indisolublemente. En “Cumpleaños”, tenemos un nosotros
plural heroico, esencia humana familiar directa del viento y del agua, potente
en su negación de lo superficial, lo roto:
Somos
un dibujo terso del viento
su
boca estría nuestras aguas,
la
espátula pasa, pero no somos una superficie rota.
Cuando
el mar evaporó mis lágrimas,
una
salina nació en el centro de mis ojos.
La
voz del poema va combinando el yo, el tengo, el mi, en primera persona singular
y presente, con el futuro, la felicidad del que se atreve y el regalo hecho por
quien recibe el don de un día, un año, más de vida:
Tengo
una canasta llena de albahaca fresca
y
tulipanes para regalar el día de mi cumpleaños,
saldré
con mi charola colmada de sonrisas melosas y dádivas alcanforadas.
Yo
sé de orfandades,
pero
tengo una carpa en donde hago feliz
a
quien se atreve a descorrer la cinta de mi enagua.
Los
versos se van uniendo en la constatación de la posibilidad de un presente no
lineal ni superior o inferior al pasado o al futuro sino posible en el tiempo
mítico del relato y el poema. Refuerza la visión de lo mítico e indestructible
aún dentro de la contemporaneidad soberbia y ajena, el ciclo infinito e
inalterable de la vida-muerte-vida que aparece, por ejemplo, en “Retorno” de El dorso del cangrejo:
En
el callejón del pez
una
mujer construye ataúdes.
La
carpintera talla la balsa flotante,
a
la orilla pega flecos de papel que despintó el sol.
Por
fin los sueños cesan.
(…)
Los
ombligos que se siembran en las casas
han
hecho su recorrido y han vuelto a su casa:
tumba.
Ser
y recordar, haber sido y seguir siendo, dar testimonio y decir lo propio son
una misma potencia y un mismo destino elegido:
Tengo puesto un vestido de cuadritos
y dos cangrejos pellizcan mis senos de
niña,
no sonrío, estoy parada como un poste.
Tengo ocho años y mi cuerpo es una casa,
que recuerda su casa.
En P. 55 y 56 de El dorso del cangrejo:
Te digo una cosa:
de aquella inocente que acariciaba el
venado
bajo la púrpura del almendro
solo queda un escorpión que atenta
contra sus venas.
Una huella hundida en su propia ropa
cubierta de sangre salobre.
Cuando era niña
me gustaba caminar en el lodo,
mi madre metía entre los dedos de mis
pies chiles asados
para cicatrizar las heridas.
En ese entonces era eterna
porque mi linaje hablaba con las nubes.
Te digo una cosa más:
te quise porque no te conformaste con la
imagen
que te ofrecía mi pozo y en la casa de
mi ombligo
entendiste por qué tuve necesidad de ser
otra.
Saber quién era y cómo entre tanta
maleza también hubo felicidad.
Dijiste:
Dime de qué canciones está hecha tu
cuna.
Sí, dije:
Hay una babel enroscada sobre mi
espalda,
pero ya no hablo con nadie,
dejé de hablar la lengua de los
silentes,
he revelado mi signo,
ya no tengo rostro.
Mi retrato es un soliloquio con todo lo
que dejó de tener vida,
el viento desarticuló mis semillas.
Cuando mi raíz hizo crac
me fui caminando sin volver la vista.
En
el universo zapoteca de estos dos libros, todes somos heroínas en el no-camino
del andar sin irse:
Escarabajo
Forman pelotas
de estiércol
redondas como
luna llena.
Las acarrean en
sus cabezas
parecen mujeres
que venden totopos;
escarban bajo el
suelo del mundo
las ocultan,
como si se
tratara
de una reliquia
sagrada.
BIBLIOGRAFÍA
Fahmel
Beyer, Bernd. (2012)“El “corazón del monte” entre los zapotecos del posclásico”.
En Anales de Antropología Volume 47, Issue 1, June 2013, Pages 9-29. Disponible
en https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S018512251371004X
Hidalgo
Mellanes, Enrique (2006) “GUIE YAASE
(OLIVO NEGRO)”. Disponible en http://conecultachiapas.gob.mx/Noticias/view/guie-yaase-olivo-negro
Jimenez,
Arturo (2004) Entrevista a Natalia Toledo: “Mi mayor reconocimiento sería ser
leída en lengua indígena, dice Natalia Toledo”. Disponible en https://www.jornada.com.mx/2004/11/11/03an1cul.php?printver=1&fly=
Ruiz
Hernández, María Elisa (2021) Aproximaciones
a la desmesura del alma: Crónicas personales de 10 artistas de Oaxaca.
México. Colección Parajes. Disponible en https://www.oaxaca.gob.mx/seculta/wp-content/uploads/sites/73/2021/03/PAJ-Aproximacionesaladesmesuradelalma-15-02-2021.pdf
Toledo
Natalia (2016) Deche bitoope/El dorso del
cangrejo. México. Almadía.
Toledo
Natalia (2004) Guie´yaase´ Olivo negro.
México. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes / Dirección General de
Culturas Populares (CONACULTA)