martes, 22 de junio de 2021

Primer borrador para Jornada interna del jueves

 

“DÉJALAS TEJER EL HUIPIL DE TUS DESEOS”: ACTUALIZACIÓN Y PODER DE LAS VOCES MÍTICAS DE LA NACIÓN ZAPOTECA EN LA POESÍA DE NATALIA TOLEDO

 

Paula Irupé Salmoiraghi

 

En sus libros Olivo negro y El dorso del cangrejo, Natalia Toledo Paz construye una voz épica con marcas corporales de su territorio y su presente como reformulaciones vitales de una sabiduría mítica que convive, pervive y significa las preocupaciones individuales del mundo urbano. Las voces y las vidas de familiares vivos, muertos, animales, vegetales y divinos, conforman un ecosistema de sabiduría que la poeta retoma, festeja e integra en su vida urbana, contemporánea y futura.

Enrique Hidalgo Mellanes, en la reseña que escribió cuando Olivo negro ganó el Premio Nezahualcoyotl de Literatura en lenguas Indígenas 2004, recorta imágenes de estos versos que construyen una infancia asombrada y asombrosa, llena de saberes heredados y de percepciones de conocimientos y vivencias que habitan el entorno y la comunidad:

En la poética de Natalia , la juchiteca, nos recuerda , me recuerda las palabras de las ancianas indígenas chiapanecas , quienes sentadas bajos los arboles de mangos y pinos me platicaban de su infancia y de esa magia por vivir. El libro Olivo Negro es parte de ese retorno estudiado por Mircea Eleade. (Hidalgo Mellanes, 2006)

 

Son estas voces múltiples y permanentes las que, en estos poemas, conforman un tipo de heroísmo no lineal ni viril como el modelo clásico de Joseph Campell sino circular, mutante y femenino. Si el héroe se caracteriza por su poder sobre los enemigos, su valentía, su coraje, su fuerza individual y sacrificada, esta heroína (modelo que puede ser encarnado por cualquier tipo de corporeidad) se caracteriza por la permanencia y el cuidado en su territorio, la conservación y reproducción de cuerpos y saberes, el uso enraizado y el acrecentamiento de las palabras sagradas de la comunidad, las tramas solidarias y de sostén.

Olivo negro se abre con una experiencia mítica y mística a la vez: la poeta niña es testigo de una metamorfosis comunitaria durante la cual, escondida pero sin huir, obtiene la transformación en ojos que ven lo sagrado y voz  que da cuenta del hecho:

 

El río se desborda

todos se convierten en peces.

Dios aparece en una pared descarapelada

yo lo observo detrás de un olivo negro.

 

La transformación en peces es adaptativa y fundadora de estirpe familiar anfibia que acompaña a un ser río que se sale de un cauce estrecho y crece. Los seres con escamas y el árbol núcleo de la vida cotidiana volverán a aparecer en otros poemas como “La familia” de El dorso del cangrejo:

Preferiría mil veces, dar vueltas con mi canasto alrededor

del árbol: el único árbol,

cada hoja era un pez que me hablaba

bajo las escamas del sol.

 

La niña logra su aprendizaje al unir su cuerpo con el del árbol que es centro de su infancia y de toda su vida a partir de ahí. Otro elemento central en esa casa de la infancia, del origen, de la unión entre tiempos, voces y aprendizajes, es la mesa, como objeto mítico y como lugar de creación y nutrición:

La mesa

Fui abandonada

junto a un cangrejo lleno de hormigas rojas

más tarde fueron polvo para pintar con la baba del nopal.

De la mesa rayada con gubias: xilografía que surcó el silencio

sobre pieles bilingües y morenas.

Hubo distancia en ese entonces

la geografía no benefició a la palabra.

Bajo el cerro del tigre

busqué un tesoro para domar el miedo

y un líquido ígneo borró de mi ojo izquierdo

todas las flores que he visto en mayo.

 

La idea de “ser abandona junto a” señala una suma incluida en la falta misma: no se regodea en el dolor del abandono sino en la riqueza del cangrejo lleno de hormigas. La soledad de la predicación inicial se desdibuja detrás de las múltiples imágenes de creación y transmutación de cuerpas y colores. El mismo procedimiento se da en “busqué un tesoro para domar el miedo”: lo malo, lo poco, lo no deseable se aplaca, se aminora, se borra con lo valioso que está ahí, que espera ser buscado. Nos interesa mostrar cómo este tipo de heroísmo se configura como engrosamiento, ampliación concéntrica, agregado de opuestos complementarios y rebrote rizomático, siempre con un punto nodal que no se abandona o supera sino que constituye la fuente de todo nuevo poder.

El nombre completo del lugar natal de Natalia Toledo Paz es Heroica Ciudad de Juchitán de Zaragoza, ubicada en la parte continental más angosta entre el océano Pacífico y el Golfo de México en América del Norte (191 km), fue fundada en 1480 por tropas del monarca zapoteca Cosijopí Sicasibí. El nombre Juchitán viene del náhuatl Ixtaxochiltlán que significa «Lugar de las Flores Blancas». Durante algunos años también se llamó Xhavizende, zapotequización del español que significa «A los pies de San Vicente». Su historia está relacionada con esta ubicación geopolítica, que la coloca como centro de comunicaciones y lugar de paso para los pueblos y pequeñas ciudades del Istmo de Tehuantepec. La poeta, que de adulta se trasladó a ciudad de México y otros centros urbanos, permanece siempre, en su poesía y en sus decires y deseos, en ese espacio originario: En El dorso del cangrejo afirma:

Estoy aquí sentada,

como la fuente que llora en mi pueblo,

llena de hojas secas y caca de zanate.

 

Es imposible para esta voz lírica épica alejarse sin desarmarse o dejar de ser, en “Flor que se desgrana”:

No moriré de ausencia me digo

una melodía se postra sobre la silla de mi tristeza

un océano brota de la piedra de mi origen

escribo en zapoteco para ignorar la sintaxis del dolor,

le pido al cielo y a su lumbre

que me devuelvan la alegría.

 

El segundo poema de Olivo negro, titulado “Flor negra”, retoma la amalgama corporal que da poder a la heroína: aparece una cuerpa híbrida de niña con ramas y hojas:

Una niña eleva su risa al olivo

en una rama desnuda

abre las hojas doradas

 

En el primer verso es claro que la niña y el olivo son dos seres diferentes, pero a partir de la segunda línea: ¿quién está desnuda? ¿quién abre las hojas? Esta comunión con el olivo le dará a la niña un saber de mujer, un destino erótico para el futuro: cada mancha blanca en la hoja es un amor que tendrá. Hablar de sí misma como flor negra es lo que me permite identificar a poeta niña y olivo negro como una misma cuerpa. Lo mismo en:

Niña con raíces

Tengo una foto en sepia

con los ojos llenos de agua y una flor en los labios

alguien entró a esa foto

y arrancó de raíz la flor.

 

También es claramente vegetal en:

La palma de mi mano es una hoja

y a todo aquél que me saluda

tiño con la leche de mi tallo.

 

Esta misma cuerpa heroica de mujer tiene cualidades de cielo, de fuego y de animal, en “Huipil”:

Cuando un rayo cae, quema el cielo,

entonces abro mi boca de lagartija para beber su fuego.

 

Así mismo, la perfección deseada desde la adultez es esa cuerpa infantil vegetanimal y capaz de producir rocío, en el poema titulado “Dada”:

Tapizaría su casa con manojos de albahaca y cordoncillo,

ese sería su huipil

y todo aquel que la mirara

la quisiera por el rocío permanente de su cuerpo.

Los saberes que nos moldean desde que nacemos no son un destino inamovible y tirano sino un magma de vida en la vida y vida en la muerte. Todo nuestro linaje se acumula y vuelve a latir en cada ser amoroso que comparten tiempo y lugar. En poema sin título de Olivo negro:

 

Te buscaré en el vientre de Dios si se atreve a refugiarte,

bajo el árbol seré el duende que acecha

a los insectos sin nido.

Morderé las frutas

beberé la noche y sus flores,

mis labios se llenarán de moscas y hormigas

como la boca de un odre.

¿Bajo qué tamarindo te sentaste e imaginaste que no te buscaría?

Cuando me canse y estire mis pies bajo la sombra de un muérdago

y los terrones y las hojas glaucas cubran mis ojos,

cuando esté bajo nueve cuartas y moverme no pueda, entonces

 podrás respirar y bailar sobre mi cuerpo un son ancestral, si quieres,

 tirar el pañuelo de tulipanes con que amarré tu corazón

 así como mi abuela ataba la morralla a su enagua.

 

Toda la serie de poemas dedicados a los juegos tradicionales infantiles, nos permite ver los modos en que la heroína fagocita y recrea los mandatos patriarcales para quitarles dolor y devolverles sentido. El irrenunciable de tener hijos, por ejemplo, enunciado con voz plural de niñas que escarban, marcan, aventan, son crucificadas y reciben los golpes, es deseado, divertido, pero con castigo y crucifixión incluida en las reglas del juego:

Tener hijos

Escarbamos hoyos en el borde de la casa

como senos metidos en la tierra,

con un bambú seco marcamos una raya

aventamos la bola de hule

cada caída es un hijo de piedra

tres piedras es un castigo.

Al final de espaldas sobre la pared nos crucifican

con los ojos cerrados recibimos todos los golpes

por tener tres piedras en nuestro orificio.

 

Pero no sólo se reproducen seres humanos en el centro épico ocupado por mujeres, el arte de tejer y teñir los hilados, práctica heredada por línea materna, se transmuta en la poeta en alquimia de sangres, sabias y colores, el vestido-piel de las mujeres tiene constitución de cochinilla y de nopal, es sagrado por la mano de Cristo y por el llanto:

Grana cochinilla

Sangre del nopal

rubí de espinas sobre la carne de los insectos

Mano de Cristo sembrada,

llora la tinta

que visten las oaxaqueñas.

 

Ese tejido es la trama misma de la vida humana y nohumana a idéntico nivel de comunicación y alegría. Por tener una falda de mujer que baila tatuada en el lomo es que el cangrejo se vuelve importante. Empieza a aparecer en la tercera parte de Olivo negro y será central en el segundo libro que analizamos. Se trata, según la autora misma, de un ser que podría evocar el ir hacia atrás, el estar siempre pensando en el pasado como una carga o un retroceso pero, en sus poemas, Toledo Paz lo ubica como quien no puede ver lo que tiene en el dorso, invisible para sí misme pero expuesto a les demás. Sus tenazas son manos provistas de herramientas para modificar su entorno tal como una tejedora y sus agujas, un escultor y sus cinceles, un pescador y sus aparejos: En

Textil de mar

Las tenazas del cangrejo

dos flores de pantano

que se abren bajo la luna blanca de la arena.

Tejen en la oscuridad sobre un telar de granito.

Cuando se equivocan

el mar les ayuda a borrar.

 

Todo es creación y colaboración, no hay culpa por el error, ni reproche, ni daño. Todo es reparable, modificable, mejorable si se ha hecho en comunión y respeto entre quienes conviven. Idea que se repite en “El Huesped” bajo la sintaxis de los hilos que te enredan:

Antes de que el viento te doble la espalda,

Extiende una hamaca de estrellas

Y suelta los hilos que te enredan.

 

En “Mujer que teje”, las cuerpas de madre y de Ceiba son universos unos adentro de otros, abarcantes y abarcables por igual:

Estás embarazada de flores

y llevas una niña

que dibujará flores sobre el papel cuando crezca.

Duérmete mamá, duerme y deja que tus sueños abran su boca.

 

La noche misma es mujer que tiene un telar y teje con otra mujer que aporta sus hebras, en el poema “La flor de las niñas 1” de El dorso del cangrejo, en que se entrecruzan las hebras del corazón, el huipil y el deseo individuales con el poder del telar de la noche, presente no como simple metáfora sino como potencia de lo oscuro, lo que dormita o lo que compone un todo con el día, la luna y el sol:

Saca las hebras de tu corazón

móntalas sobre el telar de la noche

y dejalas tejer

el huipil de tus deseos.

 

Es importante esta capacidad heroica de hacerse porosa, permeable, dejarse penetrar por las voces del lugar y no avasallar ninguna forma de vida. El poema “Nahual” muestra cómo la tierra habla al padre que pretende ser superior a ella y escribir lo que tiene en su mente en vez de escuchar lo que la tradición dice que aparecerá en las huellas que el animal que elija al recién nacide dejará alrededor de la casa del nacimiento:

Nahual

Mientras nacía

mi padre afiló la punta de un carrizo

y dibujó sobre la tierra húmeda

los animales que pasaron por su mente.

La tierra le dijo cuál sería mi ser dual: lagarto.

 

            Esta sabiduría de la tierra, del lagarto, del cangrejo, del zopilote que limpia y recicla como toda ave carroñera, del tenate, del alcaraván se aprende en el caminar el territorio, movimiento de reconocimiento y testimonio, nunca camino que aleja o abandona sino andar que dibuja círculos concéntricos cada vez más amplios. Natalia llama a la transmisión oral, “el lenguaje del viento”: idea que da a la voz de sus familiares una dimensión universal y enorme y, a la vez, da al viento, al aire que nos recorre y nos mueve, una dimensión íntima y familiar, cercana y habladora, comunicadora de saberes.

Bernd Fahmel Beyer, en su artículo “El “corazón del monte” entre los zapotecos del posclásico” se refiere de la siguiente manera a las dificultades de las culturas europeas para comprender las formas zapotecas de concebir a las personas como el monte, el río o el árbol:

 

Esta forma de visualizar la naturaleza no es ninguna extravagancia ya que hasta la fecha diversos pueblos indígenas consideran que los montes tienen cabeza, frente, dorso y pies. El problema surge cuando intentamos aprehender el significado de dichas partes dentro de un todo antropomorfo, que a manera de representamen tome el lugar de aquello que la mente prehispánica percibía como sagrado en un ecosistema determinado. Para los zapotecos de los valles centrales, por ejemplo, la palabra las significa “corazón”, entendido éste como el hueso o semilla de donde surge un nuevo ser, por lo que el monte quizá fuera el lugar que se nutría de la energía contenida en esa semilla. (Fahmel Byer, 2012, 12)

 

Si para este estudioso de la cosmovisión zapoteca “la iconología de un sistema religioso como el mesoamericano no sólo sea producto de la objetivación de las cosas mediante estrictas tipologías formales, sino de un largo proceso que parte de un alto grado de introspección y conocimiento del mundo físico y espiritual” (2012, 13), para la poeta que vive y sostiene la palabra de sus ancestros los versos que escribe y muestra al mundo son manifestación no de sí misma como individualidad recortada sino como parte y todo a la vez de ese ser zapoteca.

Que nosotres estemos hablando en castellano, que Toledo Paz traduzca o escriba en castellano, no significa que esta lengua y su cosmovisión sean más poderosas ni más durables en la historia de la humanidad que el zapoteco. Si las guerras y las conquistas no fuesen formas de anulación total de formas otras de vida, las lenguas y las comunidades se comunicarían antropofágicamente unas con otras, se hibridarían y mestizarían como no-caminos de convivencia y pervivencia en el tiempo permanente de lo humano como parte y todo a la vez de lo natural y lo divino.

El poema “Ojo de volcán” agrega, en este no-camino de la heroína que es un andar sin irse, las dimensiones de lo alto y lo profundo (en la nube y en el escarbar con las pezuñas):

En el ruedo un toro

escarba el mundo con las pezuñas:

me espera.

Yo paso dormida sobre una nube

y me arrojo.

 

¿Quién es ese toro que me espera? ¿Por qué el arrojarse, al ojo del volcán del título suponemos, requiere del estar dormida? ¿Qué clase de cuerpa puede pasar sobre una nube? La cuerpa de una poeta zapoteca que conoce y reivindica para sí el origen y las visiones de mundo de sus ancestros. Los zapotecos de la región del Istmo​ se autodenominaban "ben´zaa" o "binizá" que significa "gente de las nubes", originaria del cielo directamente de les dioses.

En el poema que lleva el nombre de su madre, “Olga”, dice: “Las nubes y tus brazos de jícara me engendraron.” El hacer con las manos, el sostener con los brazos, son los elementos humanos femeninos que se unen a lo divino de las nubes originarias.

El problema de la identidad mexicana mestiza y la vergüenza de ser y verse aparecen ya desde el cuarto poema de Olivo negro en la referencia al “espejo enterrado” que nos remite a autores clásicos mexicanos (Carlos Fuentes, Octavio Paz) y su debate jamás cerrado sobre la reconciliación o el perdón, la violación o la riqueza que nos dio origen como continente conquistado por Europa. Creo que los versos de Toledo Paz son épicos en este punto porque indican un modo de seguir siendo zapoteca que ninguno de los grandes hombres teóricos o revolucionarios logró coordinar y completar: es un recorrido a la vez interno y externo, de observación y aceptación propia y del otre, sin negar la vergüenza, llorarla y conseguir el crecimiento:

Vergüenza

Pon el filo

de la luna sobre tus ojos

y corta la vergüenza que se esconde

en tu canica de tierra.

Llora espejos enterrados

hasta que desaparezca la niña.

 

El ensayo del propio Carlos Fuentes, titulado El espejo enterrado, explica que este título se refiere a los espejos encontrados en las tumbas de las pirámides de El Tajín, en Veracruz, cuya función era guiar a los muertos hacia el inframundo. Los espejos enterrados se transforman así en símbolo de la tradición indígena que nos refleja, nos constituye íntimamente pero nos avergüenza o queremos ocultar:

 

Los grandes festivales del mundo azteca no eran sino la expresión externa, ceremonial, de un tiempo en el que la naturaleza y el destino se daban la mano, eran vividos como mito y, como mito, no solo representados sino vitalmente creídos. Ningún ejemplo mejor que el de una de las versiones de la leyenda de Quetzalcoatl, transmitida al padre Bernardino de Sahagún en México por sus informantes indígenas. De acuerdo con esta versión del mito, uno de los dioses menores del panteón indígena, un ser oscuro y eternamente joven llamado Tezcatlipoca, cuyo nombre significa "El Espejo Humeante", les dijo a los otros demonios: "Visitemos a Quetzalcoatl, y llevémosle un regalo." Se dirigieron al palacio del dios en la ciudad de Tula y le entregaron el regalo, envuelto en algodón. "¿Qué es?", preguntó Quetzalcoatl mientras desenvolvía el obsequio. Era un espejo. El dios se vió reflejado y gritó. Creía que, siendo un dios, carecía de rostro. Ahora, reflejado en el espejo enterrado, vio su propio rostro. Era, después de todo, la cara de un hombre, la cara de la criatura del dios. Así, Quetzalcoatl se dio cuenta de que al tener un rostro humano, debía, también, tener un destino humano.

Los demonios nocturnos desaparecieron vociferando alegremente y Quetzalcoatl, esa noche, bebió hasta el estupor y fornicó con su hermana. Al día siguiente, lleno de vergüenza, se embarcó en una balsa de serpientes navegando hacia el Oriente. Prometió que regresaría en una fecha fija, Ce Acatl, el día de la caña en el calendario azteca.

 

Este debate sobre la identidad americana aparece comúnmente como antítesis más que como suma o ampliación, oposición entre lo que fuimos en el origen y lo que somos ahora si olvidamos o enterramos el espejo que nos muestra nuestra cuerpa marrona y orgullosa:

Origen

Fuimos escama de Dios,

flor, venado y mono.

Fuimos la tea que partió el rayo

y el sueño que contaron nuestros abuelos.

Caímos en el monte

y el sol nos atravesó con su flecha,

fuimos cántaro¡au!,

fuimos agua ¡au!.

Ahora somos ceniza

bajo la olla del mundo.

 

 La concepción de Dios como un ser con escamas, igualado a la flor, al venado y al mono, nos aleja de lo judeocristiano como antropocéntrico, jerárquico y punitivo que nos tortura por línea europea. Un verso de El dorso se pregunta “¿Qué es la historia del mundo?” y en siguiente le contesta: “Un ojo que llora su desamparo,/ lo saben las flores, lo saben los pueblos.” Otro verso se pregunta “¿Qué es ser indígena?/ Una ingenuidad de leña,/ una apuesta, una velamen de barbas crecidas/ con la grandeza de una mirada del mundo.” También: “¿A qué se parece mi felicidad”? se pregunta la poeta para unir lo individual del yo con lo comunitario. Y se responde:

Soy una mosca,

un punto sobre una hoja de un almendro

a punto de partir, a punto de parir.

Soy un zumbido en la oreja de la memoria,

yo también tatué la memoria.

 

Es el último movimiento que registraremos, por ahora, de esta heroína: su ser yo y ser nosotres a la vez, eterna e indisolublemente. En “Cumpleaños”, tenemos un nosotros plural heroico, esencia humana familiar directa del viento y del agua, potente en su negación de lo superficial, lo roto:

Somos un dibujo terso del viento

su boca estría nuestras aguas,

la espátula pasa, pero no somos una superficie rota.

Cuando el mar evaporó mis lágrimas,

una salina nació en el centro de mis ojos.

 

La voz del poema va combinando el yo, el tengo, el mi, en primera persona singular y presente, con el futuro, la felicidad del que se atreve y el regalo hecho por quien recibe el don de un día, un año, más de vida:

Tengo una canasta llena de albahaca fresca

y tulipanes para regalar el día de mi cumpleaños,

saldré con mi charola colmada de sonrisas melosas y dádivas alcanforadas.

Yo sé de orfandades,

pero tengo una carpa en donde hago feliz

a quien se atreve a descorrer la cinta de mi enagua.

 

Los versos se van uniendo en la constatación de la posibilidad de un presente no lineal ni superior o inferior al pasado o al futuro sino posible en el tiempo mítico del relato y el poema. Refuerza la visión de lo mítico e indestructible aún dentro de la contemporaneidad soberbia y ajena, el ciclo infinito e inalterable de la vida-muerte-vida que aparece, por ejemplo, en “Retorno” de El dorso del cangrejo:

En el callejón del pez

una mujer construye ataúdes.

La carpintera talla la balsa flotante,

a la orilla pega flecos de papel que despintó el sol.

Por fin los sueños cesan.

(…)

Los ombligos que se siembran en las casas

han hecho su recorrido y han vuelto a su casa:

tumba.

 

Ser y recordar, haber sido y seguir siendo, dar testimonio y decir lo propio son una misma potencia y un mismo destino elegido:

 

Tengo puesto un vestido de cuadritos

y dos cangrejos pellizcan mis senos de niña,

no sonrío, estoy parada como un poste.

Tengo ocho años y mi cuerpo es una casa, que recuerda su casa.

 

 

En P. 55 y 56 de El dorso del cangrejo:

Te digo una cosa:

de aquella inocente que acariciaba el venado

bajo la púrpura del almendro

solo queda un escorpión que atenta contra sus venas.

Una huella hundida en su propia ropa

cubierta de sangre salobre.

Cuando era niña

me gustaba caminar en el lodo,

mi madre metía entre los dedos de mis pies chiles asados

para cicatrizar las heridas.

En ese entonces era eterna

porque mi linaje hablaba con las nubes.

Te digo una cosa más:

te quise porque no te conformaste con la imagen

que te ofrecía mi pozo y en la casa de mi ombligo

entendiste por qué tuve necesidad de ser otra.

 

Saber quién era y cómo entre tanta maleza también hubo felicidad.

Dijiste:

Dime de qué canciones está hecha tu cuna.

Sí, dije:

Hay una babel enroscada sobre mi espalda,

pero ya no hablo con nadie,

dejé de hablar la lengua de los silentes,

he revelado mi signo,

ya no tengo rostro.

Mi retrato es un soliloquio con todo lo que dejó de tener vida,

el viento desarticuló mis semillas.

Cuando mi raíz hizo crac

me fui caminando sin volver la vista.

 

 

 

En el universo zapoteca de estos dos libros, todes somos heroínas en el no-camino del andar sin irse:

 

Escarabajo

Forman pelotas de estiércol

redondas como luna llena.

Las acarrean en sus cabezas

parecen mujeres que venden totopos;

escarban bajo el suelo del mundo

las ocultan,

como si se tratara

de una reliquia sagrada.

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

 

 

Fahmel Beyer, Bernd. (2012)“El “corazón del monte” entre los zapotecos del posclásico”. En Anales de Antropología Volume 47, Issue 1, June 2013, Pages 9-29. Disponible en https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S018512251371004X

 

 

Hidalgo Mellanes, Enrique (2006)  “GUIE’ YAASE’ (OLIVO NEGRO)”. Disponible en http://conecultachiapas.gob.mx/Noticias/view/guie-yaase-olivo-negro

Jimenez, Arturo (2004) Entrevista a Natalia Toledo: “Mi mayor reconocimiento sería ser leída en lengua indígena, dice Natalia Toledo”. Disponible en https://www.jornada.com.mx/2004/11/11/03an1cul.php?printver=1&fly=

Ruiz Hernández, María Elisa (2021) Aproximaciones a la desmesura del alma: Crónicas personales de 10 artistas de Oaxaca. México. Colección Parajes. Disponible en https://www.oaxaca.gob.mx/seculta/wp-content/uploads/sites/73/2021/03/PAJ-Aproximacionesaladesmesuradelalma-15-02-2021.pdf

Toledo Natalia (2016) Deche bitoope/El dorso del cangrejo. México. Almadía.

Toledo Natalia (2004) Guie´yaase´ Olivo negro. México. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes / Dirección General de Culturas Populares (CONACULTA)